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No son las caidas ni las derrotas las que pueden hacer fracasar nuestras vidas, sino la falta de coraje para levantarse y seguir adelante

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Primeros auxilios en salud mental

Nota de prensa que salio publicada en el periodico Página Siete el día domingo 20 de Agosto de 2017 en la revista Miradas en la página 4

1 de cada 4 personas sufre algún tipo de trastorno mental; conozca las cinco estrategias para ayudar.

Bitia Vargas La Paz

T odos hemos escuchado hablar que los primeros auxilios son aquellas medidas terapéuticas urgentes que se aplican a las personas víctimas de accidentes o enfermedades repentinas para su estabilización, hasta disponer de un tratamiento más específico.

Así, le aplican los primeros auxilios en casos de desmayo, de mordedura de víboras, ataques cardiacos, etcétera.

El propósito de los primeros auxilios es principalmente evitar que la condición de la persona afectada se agrave o, incluso, muera.

Sin embargo, aunque hemos escuchado sobre primeros auxilios asociados a preservar la condición física adecuada de las personas, poco sabemos sobre los primeros auxilios para preservar la salud mental, que son igual de importantes.

Aunque muchos profesionales de la salud mental, psicólogos y psiquiatras, conocen diferentes estrategias para controlar cualquier situación de emergencia que ponga en peligro la salud mental, las personas que no pertenecen a ese campo, y con el debido entrenamiento, también pueden aplicar primeros auxilios a alguien que esté atravesando por trastornos mentales.

Para empezar, podemos decir que los trastornos mentales, no necesariamente son graves afecciones que sólo padecen "algunas” personas. Un estudio de la OMS concluyó que una de cada cuatro personas sufre algún tipo de trastorno mental, ya sea leve, moderado, grave, común, o complejo.

Un trastorno mental común podría estar asociado a los síntomas de la depresión y de la fobia, y tal como lo dice su nombre, son más comunes de lo que creemos. ¿Quién no se ha deprimido alguna vez o ha sentido miedo de algo, o de alguien?

No todas las personas que padecen ciertas enfermedades mentales requerirán asistencia especializada. Los casos más complejos como los episodios psicóticos o la bipolaridad probablemente requerirán medicación y acciones terapéuticas especializadas.

Podemos decir que hay cinco pasos básicos e importantes para ayudar a un paciente con un trastorno mental que requiera primeros auxilios:

1. Algo primordial que debemos hacer es evaluar el riesgo de suicidio o daño a terceros. Si identificamos que cualquiera de estas posibilidades es real, es esencial como primera medida no dejar sola a esta persona, buscar ayuda inmediata de especialistas, y quitarle el acceso a herramientas que puedan ayudar a la persona a suicidarse.

2. Debemos ser capaces de escuchar activamente al afectado, evitado hacer juicios o reproches que lo hagan sentir culpable y lleguen a confundirlo o aturdirlo más.

3. Posteriormente hay que utilizar todos los conocimientos adquiridos durante la etapa de entrenamiento para informar sobre lo que puede estar pasándole con respecto a su enfermedad, y darle esperanzas al decirle que todos los padecimientos son tratables si se busca la ayuda adecuada.

4. Después debemos animar a la persona, una vez que la notamos estabilizada, a buscar ayuda profesional y apoyarse en su entorno próximo.

5. Finalmente, es importante motivarlo a hacer ejercicios que estimulen la autoayuda, como establecer un régimen alimenticio adecuado, ejercitarse, asistir a terapias grupales, participar en terapias complementarias como la meditación, el yoga, los ejercicios de respiración que son protectores de la salud mental.

Aplicar estos cinco pasos como medidas de emergencia puede ser de gran ayuda para la persona que en ese momento está sufriendo un trastorno de salud mental.

No olvidemos que no sólo los especialistas pueden aplicar estos cinco pasos, pero sí es necesario que nos capacitemos y entrenemos para que nuestra ayuda sea realmente favorable para la persona.

Todos podemos practicar la escucha activa. A veces, el simple hecho de escuchar a una persona la alivia enormemente y para ello es preciso que liberemos nuestra mente de prejuicios que puedan afectar aun más a una persona que está sufriendo.

Creando matrimonios estables

Nota de prensa publicada en el periodico Pagina Siete el dia 13 de Agosto de 2017 en la revista Miradas en la pagina 4

Si no hay un compromiso para priorizar el hogar, corremos el riesgo de ocasionar alejamiento emocional.

Aunque cada matrimonio es un mundo y cada pareja crea diferentes estrategias, habilidades y secretos para garantizar el funcionamiento de su familia como un sistema vivo, existen factores que son determinantes para saber mantener un buen matrimonio: el compromiso, la definición precisa de roles y funciones y la negociación de las relaciones.

El compromiso está asociado con nuestras prioridades en la vida. Cuando estamos comprometidos, por ejemplo, con nuestro trabajo, nos empeñamos porque todo salga bien, trabajamos horas extra, nos desvivimos, nos podemos la camiseta de nuestra institución, porque nuestro trabajo se ha convertido en nuestra prioridad.

Lo mismo sucede cuando nos comprometemos con nuestra pareja. Ello significa darle la prioridad de tiempo y de espacio en nuestra vida, al igual que a nuestros hijos que forman parte de nuestra familia.

Si no hacemos un compromiso real que signifique priorizar nuestro hogar, corremos el riesgo de ocasionar alejamiento emocional, y desinterés en nuestra pareja, y alejamiento comunicacional con nuestros hijos, lo que podría llevar a la larga a la desintegración del sistema familiar o desgaste del mismo. Por lo tanto, el compromiso es imprescindible como motor de una relación.

El compromiso es y será siempre no abandonar el barco aunque las tormentas sean muy fuertes, y agotar todos los medios habidos y por haber para que éste no se hunda.

Cuando una pareja entiende este concepto, comprenderá que si bien existen problemas como en toda relación, su deber será el de encontrar las soluciones para preservar la unión. Obviamente, siempre y cuando el respeto permanezca íntegro en el relacionamiento.

La definición de los roles y funciones es otro factor importante dentro de una matrimonio.

Esta definición debe ser ante todo equilibrada, sin cometer el error de delegar sólo a uno de los miembros de la pareja todas las funciones domésticas en tanto a su género. Lo que ocurre mayormente con algunas mujeres, quienes que se hacen cargo solas de los cuidados del bebé cuando estos son recién nacidos.

Tampoco se debe dar el poder de decisión a una o uno solo. Las decisiones deben ser consensuadas a través de un proceso de consulta que incluya a todos los miembros del hogar, sean éstos grandes o pequeños.

Cuando una pareja se une, cuando empieza a formar su hogar es importante y hasta vital que los miembros se reúnan para definir funciones en el hogar, para tomar grandes decisiones, para establecer ciertos horarios, y es mejor clarificarlos o escribirlos, porque ello ayudará mucho a dilucidar el rumbo que caminará la pareja.

Y cuando hablamos de negociar las relaciones, nos referimos a saber consensuar aquellos momentos de acercamiento e intimidad que toda pareja debe fortalecer y no olvidar.

Negociar las relaciones, sentimentales y sexuales, son aspectos que muchas veces relegamos, ya sea porque el trabajo y el caos en el que actualmente vivimos terminan agotándonos, o porque sencillamente creemos que como es tan natural, no necesitamos priorizarlo ni ejercitarlo.

Debemos aprender a crear espacios para la intimidad con nuestra pareja. Para estar a solas con ella, para descubrir y redescubrir por qué la amamos y por qué la elegimos.

También es importante innovar nuestros encuentros sexuales, ser creativos y respetuosos, quizá curiosos, quizá aprendices. Aprender a hablar abiertamente sobre la sexualidad y sensualidad con la pareja, sobre lo que nos gusta, sobre nuestros deseos, sobre nuestras inquietudes.

No olvidemos que la gran mayoría de los problemas comienzan cuando obviamos esa parte, cuando la descuidamos, sobre todo cuando dejamos de comunicarnos por vergüenza, por desconfianza o por cultura, llevándonos a la insatisfacción, después al alejamiento y finalmente a una posible ruptura del vínculo.

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